09 enero 2009

REGISTRO


ELECCIÓN DEL REGISTRO

¿Por qué tiembla la voz de ese barítono?


1 Acceso a la carrera de canto sin las cualidades necesarias de voz.
2 Mala elección del registro.
3 Excesiva presión de aire o en la manera de usarlo.
4 Limitación física para manejar la masa muscular que conduce el aire.


A
menudo se “elige” un registro de manera inconsciente, simplemente porque se nos ha inculcado un mayor gusto y valoración por determinado rango vocal. Si “nuestro” barítono no fuera barítono tendría que forzar su naturaleza (resonancia, cuerdas, paladar…) para adecuarse al sonido que desea emitir a- ¡todo coste! -; y la naturaleza, física y anímica, se revelaría. En todo caso, si aprendes esto con un profesor, este se llevará la palma en cuanto a necedad. Nunca pensé que esto de enseñar a cantar fuera una empresa en la que lo más importante fuera producir voces “à la mode”.

Otro caso diferente es el del cantante extremamente flexible que puede, de manera natural, abordar su tesitura y extenderla a otras dos: barítono a tenor y o falsete, bajo y contratenor, cosa que claramente se manifiesta y no inducen a duda alguna como ¿será contratenor, o será bajo?

Si nos quitásemos esa manía de delimitar, o marcar el registro vocal de los alumnos nada más comenzar su preparación, nos llevaríamos muchas sorpresas agradables en cuanto a la extensión de sus voces. Por eso, todo profesor que se precie, debe ceñir su trabajo a la observación profunda no sólo de lo que oye en el alumno sino también en la actitud físico-anímica del mismo, para poder finalmente determinar cual será la extensión - timbre - calibre más naturalmente conforme a esa persona.

Rechazar cualquier deseo infundado de trabajar tal o cual registro concreto, siendo la prioridad enriquecer todo registro disponible.

Así mismo, debe saber resistirse al deseo de proyectar en el alumno sus propios gustos estéticos en cuanto al timbre, que inevitablemente afectarán la carrera de su pupilo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

«El saber occidental intenta, desde hace veinticinco siglos, ver el mundo.
No ha comprendido que el mundo no se mira, se oye. No se lee, se escucha.
(...) hay que aprender a juzgar a una sociedad por sus ruidos, por su arte y
por sus fiesta más que por sus estadísticas»
(Attali, 1995: 19)

Reflexiones