Los pies, la base y la voz. Estas tres palabras son el resumen de la clase de hoy, 3 de noviembre. Ver cómo cualquier variación en el contacto de los pies con el suelo producía, para bien o para mal, un cambio en la voz. Claro está, que cuando los dos pies pisaban el suelo por igual con toda la planta, la voz iba mucho mejor y más libre.
Las pegas vienen cuando uno mismo, que sabe que tiene tendencia a lateralizar y echarse hacia delante, intenta que eso no se produzca y rectifica el cuerpo hacia atrás, con lo que la base se mueve hacia los talones y la voz también se echa hacia atrás, porque el cuerpo tiende a corregir el desequilibrio para no caerse hacia atrás y se tensa, empezando por los gemelos, subiendo por las rodillas, sigue por las caderas, y de ellas al diafragma no hay más que un paso. Lo siguiente es el bloqueo. También puedo no corregir mi tendencia a echarme hacia delante, pero el resultado es casi el mismo: desequilibrio, corrección, tensión y bloqueo, desde los pies a la cabeza. Se puede mover la voz, pero cuesta un triunfo. Y esto sucede aun vigilando los pies para que no suceda, porque no hace falta un gran desequilibrio para bloquear la voz, con uno muy sutil y pequeño basta, tan sutil que notamos antes el bloqueo de la voz que la pérdida de base, de contacto con tierra, del movimiento de los pies. Probablemente, la solución no sea otra que la calma, vigilar que todo esté bien, pero con calma y, cuando haya síntomas de bloqueo, más calma aún. Porque, cuando uno nota que se bloquea y relaja las piernas, al punto ve que la voz tiene otro timbre y va mucho más libre. Y que tampoco hace falta un gran movimiento, sólo un poco de distensión, de aflojar las rodillas. Lo sencillo, lo pequeño, es lo que funciona.

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